POESÍA JOVEN: 5 POEMAS DE DANIEL ESCUDERO

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”Somos miserables, pero poesía al fin”

Daniel Escudero, 1986. Electrotécnico industrial, coordinador de mantenimiento y estudiante de Ingeniería industrial, músico y viajero de letras.
TÁNATOS

Hoy he evidenciado, por fin, tu distanciamiento.
Sarcástica tu risa que dirime conmigo y con la noche fría.
Hoy he evidenciado, quizá, tu conveniencia en el anonimato.
Vandálico tu encanto que se ensucia entre ella y vuestra cofradía.

Hoy he decidido, pues, convertir en fuego este pacto elíseo.
Ridícula mi obstinación porque soy el contrapeso entre dos volcanes.
Hoy he decidido, con razón, hacer lejanas de ti mi prisa y ardiente deseo gríseo.
Monstruoso es mi recuerdo porque hago un culto en búsqueda de quiénes lo profanen.

Hoy he dejado ir, a cuenta, el sinuoso embeleso de nuestro encastre.
Perversa tu monería que fundió el óxido de la rutina con mis viajes de placer.
Hoy he dejado ir, por ti, el odio risueño que me ata y que atañe solo a este desastre.
Hiriente fue tu juego en la báscula que nos mecía y que solo nos acercaba a fin de perecer.

Hoy he aceptado la muerte, con justicia, pues es la cura en salud.
Muda será nuestra pena como los años que pasaron por encima de los dos.
Hoy he aceptado la muerte, como deber, pues es la dura exigencia de esta juventud.
Sordas serán nuestras excusas en volver a esa cama-nido pero ya no romperán este adiós.

REDUX

Y…

Si buscamos lo escondido,
si mordemos lo anhelado,
si vivimos con la mente confluidos,
¿Y si afloramos las ínfulas de esta muerte condenada?

Si compartimos nuestros ácaros, nuestra hierba,
el agua que concurre entre nuestras llagas y nuestras grietas,
y tus hemorragias.
¿Y si no callamos nuestra labia sofocada?

Si soltamos nuestras ansias,
nuestras ganas,
si palpamos nuestras puyas amarradas,
¿Y si nos hacemos cruenta mermelada?

Si nos rozamos hasta lo siniestro,
hasta en cuclillas
y hasta lo incierto,
¿Y si desciframos nuestros rostros con la alborada?

Si olemos nuestra carne,
nuestras placas,
si chocamos a oscuras nuestras gargantas,
¿Y si de una vez nuestras fosas se dilatan?

Pues, yo te haría arena en mis manos, húmeda,
y un símil a toda hora, hasta en el ocaso.
Un juego por el todo y sin palabras.
Yo te haría llover.

Pero…

Si censuramos nuestro sexo,
nuestra cúpula de encuentro.
Ante la multitud de dudas del encierro,
¿Si inhibimos por las calles nuestras miradas?

Si partimos nuestra calma,
nuestra vida camuflada,
y nos apresuramos a incinerarla.
¿Si extinguimos nuestros sueños y enterramos esta apodíctica redada?

Si renunciamos a la suculenta angustia de tenernos
y dejamos encofrado en las quimeras el aliento,
si de sensaciones amañadas se nos concibe,
¿Si acabamos de una vez nuestro aunado ungüento?

Si negamos nuestro artífice tropiezo,
si desconocemos el saludo,
mi nombre en la piel magra,
¿Si terminamos por dejar de llevarnos por el viento hacia distancias liberadas?

Si olvidamos nuestra calza,
si borramos toda palabra salivada,
hasta las texturas de los átomos que nos dimos,
¿Si retrocedemos en el tiempo y en cinco años simplemente nos dejábamos en la nada?

Pues, ya no te haría yo un castillo con mi fuerza,
no formularía el hasta nunca, morirían secas las preguntas,
y aburrida siempre verías un misterio llano donde abundan las respuestas.
Sería un juego en una báscula descalibrada.

Finalmente, yo te transformaría en fuego.

REMINISCENCIA DE DOS CÉLULAS

No hay nadie en este encierro.
No hay aire que respire,
no hay sombra que delate,
pues en esta tierra siempre soy sincero.

No hay miradas que reciba,
ni ojos que los dilaten.
Y es que siempre hay cosas que no quiero
en este encierro sofocante.

Estoy preso en la pradera,
no soy hueso, apenas carne.
De mis palabras no soy consciente,
solo soy piedra, sueño y noche.

Y me digo… y me digo…

No hay nadie en este encierro,
solo un tubo en mi delante.
Busco a ciegas esa puerta,
soy el chivo expiatorio de mi madre.

PESQUISA EN EL SUBSUELO

Si ha habido un objetivo permanente en la historia del Hombre,
ha sido siempre el de superar sus mañas.
Desde su historia más primitiva siguió su lineamiento deforme
y recurrió al sueño para descansar sus patrañas

Fue detrás del sorbo más árido que el espejismo
y de la piedra más ardiente que el sol.
Corrió por el bocado más inerte que el ventisco
y un apetito más fuerte que la inanición.

¿Quién quisiera una lágrima para la sonrisa,
un grito más fuerte que el mismo dolor?
¿Quién quisiera venerarse sin tener vida,
una elegía hecha afamada canción?

Ha buscado someter no ante la razón sino ante la suerte
y aun así sobrevivió gracias a su instinto de preservación.
Ha guardado con sigilo una fijación hacia la Muerte
y hasta ha huido así convencido de su elección.

Y pensar que comenzamos distinguiendo apenas algunos colores
para luego apostar el todo por el nada en la ruleta del pudor.
Fuimos y vamos en trote hacia la permisiva escuela homogénea:
Jamás ningún ser vivo tuvo su padecimiento como estandarte y convicción.

No le ha importado despertar solitario, ido y desesperado
y ha llevado por dentro sus penas más grandes a puertas abiertas.
No en vano persiguió la oscuridad de su celda al plasmarse enamorado
y se abstrajo así para idear la matanza de sus enmiendas.

Solo le queda al Hombre simular su tristeza con nuevos descubrimientos,
augurar lo eventual y quizás fenecer después que su antecesor.
Pretender que lo mejor es dar en abandono su moral y sus cimientos,
hacer del mundo-vientre que lo acogió una causa de olvido y defenestración.

VERSO LIBRE

Aún mantengo mi paso por esta ciudad, respetando este ciclo rebelde.
Ya no sé a qué horda pertenezco, ni en dónde se rifa el deceso.
Tampoco sé, valgan verdades, cómo es que seguimos con este intento.
Cómo esa oscuridad se transforma en más tiempo y es tan frágil como la conciencia misma.

Son estos instantes el resultado perfecto de vivir o de intentar al menos.
Veo cómo se va la desgracia jurando venganza y yo, obstinado, queriendo brindar con ella.
Y es que estoy borracho de libertad que despotrico y me alío con el eco.
Después de beber el aliento que me dan, quedo derecho y me convierto en incienso.

He atrapado el deseo de la noche, sí, el seis de dados y el corazón de la diana.
Pero heme aquí, enfermo y triste, ¡celebrando!
Qué poco somos y qué ciegos estamos. ¿Acaso no es eso divertido?
Somos miserables, pero poesía al fin. Ya no somos más hijos del arco iris.

 

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