Estatuilla de barro

‘La La Land’ y ‘Moonlight’ fueron los films favoritos dentro de una noche plagada de momentos; lastimosamente el peor de todos, enmarcó la peor, bochornosa y ridícula situación en la historia de los premios de la academia bajo las luces del imponente, y muy americano, teatro Doly.

Warren Beatty y Faye Dunaway nos regalaron más de una emoción en sus roles de ‘Bonnie y Clyde’ en sus tiempos de gala y épicas historias de la pantalla grande hace muchos años atrás; sin embargo, la noche del pasado domingo, en la octogésima novena entrega de los premios Oscar, nos trajeron (y recordaron) aquel mismo suspenso de antaño, cuando los veíamos esquivar las balas de los peores gangsters de la mafia mundial.

Luego de que, juntos pronunciaran “La La Land” al momento de abrir el sobre rojo ganador de la categoría a mejor película (sin duda, el premio más importante de la noche), que todo el equipo de producción subiera al estrado, incluyendo a Emma Stone, ganadora de la estatuilla a mejor actriz y Ryan Gosling, primer actor del musical y que Jordan Horowitz, productor del film, diera un extenso discurso de agradecimiento con el dorado en la mano y que luego arranchara, casi, el sobre correcto, llamando a la verdad y certificando a ‘Moonlight’ como la ganadora del premio, invitándolos a subir junto con ellos ante la sorpresa de todos, mostraron (ante una evidente molestia), la grave falta de la academia, dejando al público atónito y demostrando que situaciones así, no sólo pasan en nuestro gran y magnificente Perú.

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Es lamentable la jugarreta (o mala coordinación u opaca visión, por la edad aparentemente, de los añejos actores) que dejó la última versión de los Oscar. Es lamentable que no se haya adecuado de una forma mucho más rápida el error, y evitar el hacer las palabras de Horowitz extensas; es lamentable la mala acción pero es humana; errar es humano, equivocarse es humano, pero sabemos, claro, que existen circunstancias (y que esta es una de “esas” excepciones, dentro de un millón) en las que el equivocarse no es admisible, ni digno de lástima, ni digno de perdón.

Una gran parte de todos, piensa que se trató de un show dentro del gran show que trae consigo la gala de premiaciones, y la misma gran parte sostiene y anhela que el cine se debe quedar dentro de la proyección de una cinta y que no debe salir a la realidad y mucho menos hacer de un gran evento, una gran mentira y un gran circo. Gran parte de nosotros piensa, también, que se trató de un error humano por la avanzada edad de los ponentes del galardón y la misma gran parte, no admite el verse reída y burlada, ante una posible farsa (o mala suerte) americana.

Pero si hay algo en lo que sí coindice la gran mayoría, es en que de ahora en adelante se busque una mejor visión de las entregas de oro, que la realidad supere a la ficción, que el próximo año se baje el número de error a cero, y que Bonnie y Clyde, se compren unos buenos lentes, de una gran medida.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Comunicador.
25 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura
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