¡Que vivan las barras!, pero las de acero

Cuando el fútbol se tiñe de sangre, es imposible celebrar una fiesta; cuando el deporte rey se disfraza de tenaz verdugo, se catapulta una afición dura de romper. Cuando el fútbol muere, decae algo más que una pasión.

El último ‘ajuste’ a los jugadores de Universitario de Deportes y el anterior a los de Alianza Lima, simbolizan a la perfección el lumpen complejo y urgido de atención que refleja parte de la gran hinchada del caído fútbol peruano; el último ‘ajuste’ a los cremas, se encuentra enmarcado dentro de un contexto perfecto que se podría tomar a ritmo de risas y justificaciones, pero que necesita una visión mucho más amplia, más allá de la que se viene detallando y juzgando hoy en día.

Carlos Basombrío, Ministro del Interior, se pronunció ante los últimos sucesos ocurridos en el Estadio Monumental de Ate, añadiendo que “la prioridad es el bienestar de la ciudadanía”, ya que al parecer, la mayoría de peruanos no recordamos que los futbolistas, son también ciudadanos de la nación, y es menester brindarle la seguridad que corresponde, y que necesitan.

Si bien es cierto, nuestras leyes son de por sí blandengues con los hurtos que ocurren cada cuarto de hora (la corrupción está a pedir de boca) y la planificación que siempre se promete por parte de los políticos está en erradicar de raíz los problemas del estado, los delincuentes de las llamadas (o mal llamadas) ‘barras bravas’ son y vienen siendo uno de los principales dolores de cabeza del país y la verdad, aunque cueste creer, es que nadie hace nada por parar la violencia que se desencadenan todos los domingos a las tres y media de la tarde y que tiene al pueblo temblando de un sólo lado.

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Los verdaderos hinchas, los que anhelan ver a su equipo campeón, los que van a alentar en serio, piden tranquilidad y seguridad. Los jugadores mismos, piden seguridad y control por parte del estado, ya que es (o sería) el único regulador de este gran y podrido caos. Porque, ¿pedir control a una hinchada de mentira, ignorante y fuera de lógica?, sería como pedir a una lombriz que hablase. Mucho problema, para tan poco sentido común. Los delincuentes, disfrazados de hinchas, no tienen criterio. ¿La solución?, modificar los cargos de detención y de ser posible y si así se asegura el control, disolver, (no temporalmente), tanta trinchera, comando y extremo que pueda existir, plagado de mediocridad y resentimiento social.

Lo del pasado martes sencillamente no puede volver a suceder, ¿qué se gana con ‘apretar’ a los jugadores?, ¿que jueguen mejor?, ¿quiénes son los que lo piden?, ¿pararse y gritar durante noventa minutos les da la potestad de agredir a cuantos quieran?, ¿qué derecho se aclaman?, ¿qué derecho tienen?

Señores delincuentes apretones y ajustadores, les pedimos que si quieren ajustar algo, sean los tornillos sueltos de la cabeza, ¡y cuidado!, que están a un cachito de quedarse sin ella y no tendrán la oportunidad de usarla para algo útil, como ponerse a estudiar. No es muy difícil.

Que vivan las barras, pero las de acero. Y que vivan los delincuentes, pero detrás de ellas.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Comunicador.
25 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura
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