Y NO ME COMPADEZCAN

Decepción para muchos, sorpresa para otros. La única verdad es que Alejandro Toledo demostró ser un político más, ese, que hace diecisiete años nos devolvió la democracia, pero que hoy, ni juntando aún los cuatro suyos, podrán devolverle nuevamente la tranquilidad, que tanta falta le hace.

Desde el otrora caso ecoteva hasta los actuales veinte millones de dólares, un futuro juicio de lavado de activos y otro por tráfico de influencias, hicieron no sólo que la imagen del expresidente se viniera cuesta abajo, sino que se apagara la lámpara del último genio junto a su último deseo, luego que se le señalara como el presunto facilitador de la licitación de los tramos 2 y 3 de la carretera Interoceánica Sur para la empresa brasilera Odebrecht; esto, sin duda, ha desencadenado un sinfín de hipótesis alrededor de lo que se presume, ya que si bien Toledo ha desmentido todo, las pruebas lo adjudican como uno de los pezzonovantes que, junto a Josef Maiman (empresario peruano-israelí y amigo cercano del líder de la chacana) y Jorge Barata (exrepresentante de Odebrecht en el Perú) en la máxima operación de corrupción en la historia del país.

Luego de que la fiscalía, de la mano de Hamilton Castro y el Ministerio Público formalizaran la investigación preparatoria, la reacción del pueblo no se hizo esperar; desde los memes más graciosos e imaginativos hasta los comentarios más apenados y plagados de amargura de gente que creyó y confió en él y que ahora ve cómo su héroe sin capa se derrumba plenamente bajo un torrente de barro del cual por más que quiera escapar, termina mezclándose aún más en la suciedad. Toledo Manrique, “El Cholo Sano y Sagrado”, da la impresión de permanecer asustado sobre la Torre Eiffel con Eliane encima de él, observando la caída de su imperio, con los brazos cruzados y sin nada más qué hacer; esperando despertar de un sueño, un sueño llamado realidad.

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Si Alejandro Toledo regresara mañana, otro sería el cantar, otro sería el ángulo de ver las cosas, otra sería la percepción de la población, de su gente, de su pueblo; otra sería la letra de esta canción que se escribe y se escucha cada vez más triste en el verso siguiente del párrafo continuo. Pero sin duda, si Alejandro Toledo regresara mañana, al verlo enmarrocado camino a la salida en el gran pasillo blanco e iluminado de llegadas del Jorge Chávez, no sólo moriría con él lo que hubiera quedado de lealtad a la nación, no sólo moriría con él el amor que tuvo por su pueblo, lo que moriría con él, sería el último respiro del que pudo ser y no lo fue; moriría con él, el último gran sueño político de todos los peruanos.

Regrese, Monsieur Toledo, que el pueblo, la justicia que lo ampara y el Perú, lo están esperando, y lo seguirán haciendo.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Comunicador.
24 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura
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