“Héroes de agua y espada”

Héroes. Sólo así se les puede llamar a aquellos que hacen el bien sin importarles nada. Sin importarles una milésima la vida suya, sin importarles la oleada de humo negro que envuelve sus cabellos y los vuelve ceniza. Sin escatimar el salir de sus hogares, fatigados por el cansancio y el aplomo que los forjó, que los hizo lo que fueron, que los hizo lo que serán.

Desde hace una semana, la noticia de la pérdida de nuestros tres bomberos voluntarios en el siniestro a las afueras del variopinto distrito de El Agustino, nos deja con una herida profunda, nos marca con una herida letal. Emana de nuestras venas un infortunio completo y extasiado, lleno de pena y zozobra. Desde hace una semana, somos los jueces de un estado imparcial, donde reconocemos al fin a quienes debieron ser valorados desde hace años luz. Desde hace una semana, los hombres de rojo son recordados y están en boca de todos, pareciendo haber salido de la clandestinidad, hacia la gran vista de todos.

¿Es necesario morir para ser condecorado, recordado y valorado? ¿es necesario ya no estar para recién aparecer?, preguntas que no tienen respuesta, dentro de un callejón que no tiene salida. El Perú hoy llora su partida, pero ayer, nunca admiró su llegada.

Quitémonos la venda de los ojos, haciendo apogeo a la justicia ciega y comencemos con el cambio para que los héroes tengan lo que merecen, y aunque, si bien es cierto, la vida no está llena de merecimientos, velemos por la seguridad de quien verdaderamente nos propinan una. Dejemos de quejarnos y de ver el lado negativo de las taciturnas circunstancias, veamos más agua en el vaso a medio llenar. Recordemos que mientras maldecimos la película que perdimos en el cine o la suciedad en nuestros zapatos de salir, tres familias  lloran la partida de quienes no debieron irse aún.

Es madrugada, está oscuro y se escucha una sirena, los héroes de agua y espada van de nuevo. Con la valentía a por doquier, pensando en el sacrificio y en las ganas de volver, en el beso que no le dieron a sus hijos y en un mañana, quizás, con la suerte de un poco más de agua, para apagar un fuego aún mayor.

Luis Alberto GutiérrezAutor: Luis Alberto Gutiérrez Escritor y columnista. Comunicador.
24 años
Blogger
Descripción en dos palabras: Literatura y Cultura
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